Como corresponde a su recto proceder “el juez” salió de su casa para ir a la parroquia a misa de una, nada o mejor dicho casi nada, variaba en su indumentaria excepto que el traje que se ponía el domingo o festivo era el más nuevo entre todos los grises que tenía, y que se dejaba caer unas gotitas de paco rabanne sobre el cuello de la camisa antes de salir por la puerta, pasaba por el quiosco y compraba la prensa para leerla por la tarde y se dirigía al Templo para cumplir sus obligaciones de buen cristiano que completaba confesando una vez al año y comulgando por Pascua florida.
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Para Nynaeve, gracias por la idea.
El tráfico era el típico de un viernes por la tarde a la salida de una gran ciudad con playas atiborradas de apartamentos y construcciones verticales a menos de ochenta kilómetros, es decir, una fila continua de coches permanentemente parados que aleatoriamente y cada tres minutos avanzaban menos de una docena de metros…





