Archivado en: Soledades ciudadanas | Etiquetas: alegoría, idependencia, soledad, vejez
El hombre estaba sentado en su silla de ruedas al amor de unas faldas que caían desde la mesa camilla del cuarto donde se supone que debía estar viendo la televisión; sobre esa mesa y en grupos heterogéneos y dispersos se podía ver algunos libros, fotografías esparcidas de lo que fueron grupos metidos en sobres, con sus bandas de negativos muy próximas al lado de la mesa donde el hombre, que remedio, permanecía sentado; un reloj de bolsillo de la marca Roskoff, con tapa, que perteneció al padre y al abuelo del inválido y tres bidones pequeños de gasolina para rellenar mecheros , ya vacios. Por encima de las faldas camilleras que cubrían las piernas del hombre una almohada grande y bastante usada dejaba la impresión visual de un trapecista caído sobre la red.





