el bog de El Tostao


Tres minutos.
Mayo 29, 2008, 8:17 pm
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Entró en la cafetería como todas las mañanas buscando instintivamente si estaba libre la mesa que le gustaba, cogiendo el Marca de la casa para ilustrarse con la noticias políticas del día y haciendo una señal al camarero para indicarle que sí, que desayunaría café con leche con porras y un poco de agua fresca para matar el gusanillo.

Se sentó en “su” sitio, a la izquierda un gran ventanal que daba a la calle Génova, por la que ya comenzaba a transitar ese monótono desfile de vehículos que arrancaban y se paraban al ritmo de los colores de los semáforos, que daban a la calle junto con las luces traseras de los propios vehículos, en el nocturno del amanecer, un aspecto vulgar y tedioso de mala película de intriga.

Las noticias del Marca parecían coincidir con el aspecto de la ciudad, un entrenador cesado fulano lesionado, menganito que dicen que sale por las noches hasta que cierran las salas de fiesta… el entrenador que niega que llegue borracho a los entrenamientos y que los de siempre van a ganar la liga este año, pero todos juntos, todos van a ser los primeros…

Y cuando levantó la mirada para pasar la página, la vio, ella se sentaba allí muchas veces por lo que se sonrieron mutuamente y se hicieron un gesto de reconocimiento mutuo, ella no era ni guapa ni fea, no podía decir si era baja o alta, pero sentada en la mesa de enfrente de la suya con el mismo ventanal compartido, pero situado a la derecha de ella, daba la impresión de medir como máximo ciento sesenta y cinco centímetros, a veces, la había visto entrar en la cafetería pero no pudiera decirse que fuese una mujer que llamase la atención…

Todo lo contrario, parecía querer pasar siempre desapercibida, con pasitos cortos, casi casi como si fuesen los saltitos de un gorrión, pasaba de la puerta a la mesa sin siquiera mirar a los camareros, con mucha timidez apartaba la silla y se sentaba, y como también era una habitual de la casa en un instante le traían un croissant a la plancha con mermelada y mantequilla con su correspondiente té con limón.

Pero esa mañana era una mañana especial, era una mañana de duendes, una de esas mañanas en que el aire madrileño se torna donaire y envuelve a las mujeres resaltando toda la belleza que hay en ellas, aunque no la hayan tenido nunca, porque los duendes se la hacen ver a aquellos que las rodean, él, estiro las piernas por debajo de la mesa y sin querer tropezó con la de ella que ya las tenía estiradas bajo su propia mesa.

¡Perdón! exclamaron al unísono, y de repente las voces resultaron familiares, como muy conocidas, y a ambos se les iluminó el rostro. ¿Tú eres…? ¡La vecina de abajo! ¡El vecino de arriba!

Ambos llevaban siete meses con las mismas pautas matutinas y tres minutos de diferencia.

 

493 palabras.


1 comentario por mucho
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vivimos a menos de 50 metros y no nos conocemos …es frecuente …

comentario por Colombine




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