La habitación en penumbra; el siseo del aparato de aire acondicionado; el murmullo seminteligible de la televisión situada frente a mí; la postura adecuada en mi sofá; la constancia clara de que hacía un rato que la comida había terminado por el regusto de café en mi boca, y la segura sensación de que en el exterior de la casa la temperatura debía ser cercana a los treinta y ocho grados eran los elementos cotidianos, desde que comencé las vacaciones, que anunciaban el preludio de esa siesta que únicamente compartía con mi fiel “Chusco” tumbado a mis pies, cual plateresca y tallada figura del can en la tumba de su señor.
Poco a poco, incontenidamente, ese sopor que nadie sabe donde nace, pero que va subiendo desde lo alto de la nariz hacia el cerebro envolviéndote los ojos en forma de bruma inexistente, haciendo que los párpados vayan cayendo, se fue apoderando de mí a la par que todos mis músculos se relajaban y una dulce liviandad, se apoderaba de mi cuerpo. Allá en el fondo, no se donde, el zumbido, no por conocido menos odiado, del vuelo de una mosca se extendía por algún punto de la habitación perdiéndose y retornando, perdiéndose y retornando…
Intente entreabrir los párpados; en la televisión se veía una escena de cámara rápida cuya lentitud parecía acentuarse por mi actitud mental. En el centro aparecía una variedad de cilindro, más o menos, de un color rosado que parecía oscurecerse. Estaba rodeado de un color indefinido pero oscuro, mientras una forma de cuña blanca parecía deslizarse milímetro a milímetro hacia el cilindro. Sin querer despejarme, siguiendo la lentitud de imágenes provocada por la velocidad de la cámara, pensé (un eufemismo) que se trataba del asta de toro que se dirigía hacia la pantorrilla del torero. Mis ojos se cerraron, intenté abrirlos de nuevo. Ahora la cuña no era blanca, era como una bola amarilla y el fondo no era oscuro parecía verde; un nuevo esfuerzo mental y me situé ante un revés de esa zurda que Nadal muestra en sus golpes… los párpados se volvieron a caer.
Los abrí de repente, la velocidad de la cámara se había vuelto normal, desde la tele un ojo medio saltarín de un repelente camaleón me miraba mientras su boca engullía la mosca capturada al disparar su lengua. En la habitación el zumbido del insecto había cesado.
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3 comentarios por mucho
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Que bueno éste ..una escena de sofá , a las tres de la tarde , ..soñando a duerme vela ..Al leer , parece que se contagia el sueño …
comentario por Colombine Mayo 30, 2008 @ 10:38 ampues yo pretendía lo contrario..
comentario por El Tostao Mayo 30, 2008 @ 10:43 amEs que no quiere decir que el relato te duernma …Lodescribes de tal forma que parece real ..y ahí está el punto bueno …
comentario por Colombine Mayo 30, 2008 @ 11:00 am